El calcio es el mineral más abundante en el cuerpo humano. Nuestro organismo acumula alrededor de un kilo de calcio en el esqueleto y en los dientes. El calcio constituye la mayor parte de la estructura de los huesos a los cuales les confiere su dureza y consistencia. El esqueleto humano es el reservorio del 99% del calcio del organismo; el otro 1% está en la sangre y en otros tejidos.

El calcio que consumimos se usa inicialmente para formar el esqueleto y luego para mantenerlo. Durante los primeros años de vida el calcio se va depositando en el esqueleto hasta alcanzar el pico de masa ósea alrededor de los 25 años. El hueso es un tejido que se encuentra en permanente remodelación, destruyendo el tejido viejo y reemplazándolo por tejido nuevo.

Durante la niñez y la adolescencia se produce más hueso del que se destruye. Luego, alrededor de los 40 años comienza la pérdida de tejido óseo.

Cuanto mayor sea la reserva de calcio en los huesos (masa ósea), mayor será la posibilidad de evitar deficiencias en las etapas de mayor requerimiento durante la vida adulta y la tercera edad.

La concentración sanguínea del calcio está bajo un estricto control. Si el aporte de calcio de la dieta es insuficiente, este déficit se compensa extrayendo el calcio de los huesos.

Cuando esta situación se prolonga en el tiempo, el hueso se desmineraliza, aumentando el riesgo de osteoporosis.

Fuente: (3) BERNSTEIN J. (ED.). (2003). MUSCULOSKELETAL MEDICINE AAOS (ACADEMY OF ORTHOPAEDIC SURGEONS). ILLINOIS. USA. 494 P.

Fuente: 2. Human Vitamin and Mineral Requirements, FAO/WHO, 2002.